La carrera musical de Joe Cuba comenzó con La Alfarona X en 1950. En 1955 nació el sexteto Joe Cuba y su sonido de vibráfono prendió. En 1962, cuando el grupo grabó "To be with you" para Seeco Records, la banda comenzó a ganar popularidad por los arreglos de Nick Jiménez y las voces de Cheo Feliciano y Jimmy Sabater. Cuando llegó la era boogaloo, la mayoría de las bandas populares neoyorquinas se quedaron sin trabajo. El sonido de Joe Cuba cambió con su grabaciones de "El Pito" y "Bang Bang"; no sólo vendió millones sino que le permitió al sexteto de Cuba disfrutar el puesto número 1 en el mundo de la música latina junto con la orquesta de Eddie Palmieri Gilberto Calderón, sabiamente bautizado como Joe Cuba por un promotor musical, supo crearse su espacio en la historia de la música bailable hispana nuevayorquina con una fórmula innovadora y sencilla basada en un sexteto rítmico: un cantante acompañado solamente por una sección percusiva coloreada por el sonido del vibráfono. No fue el creador de ese tipo de grupo, ni su exclusivo proponente, pero el susodicho sonido siempre se le asociará ya que el Sexteto de Joe Cuba fue su suprema expresión. Aunque figura en el medio ambiente musical desde comienzos de los 1950, su verdadera ascensión a la cuesta de la fama llegó en los 1960 cuando el contexto musical nuevayorquino andaba en un período de transición tras la era de las orquestas gigantes del Mambo cediera su preeminencia a varias expresiones musicales entre las cuales su sexteto sobresalió durante el período del Bugalú. Sin embargo, aún antes de los tiempos del Bugalú la carrera de Joe como director de banda, compositor y conguero, dio señales claras de lo que, en su momento, serían características destacadas de la forma de hacer música llamada Salsa, de la cual no fue una figura preponderante. Uno podría resumir su importancia musical de esta manera: El Sexteto de Joe Cuba pudo popularizar el uso de letras en inglés en un medio ambiente musical percusivo, tosco y agresivo, con la destreza de enamorar a cualquier tipo de audiencia bailadora u oyente, de casi cualquier clase de trasfondo. Joe Cuba pudo adquirir popularidad quedándose anclado, así como expresando, lo que mejor conocía: el barrio. El Sexteto de Joe Cuba jamás se esclavizó a nociones dementes de pureza musical o legitimidad. Fue sincero consigo mismo y su entorno ya que la obra de Joe Cuba es uno de los mejores ejemplos de la realidad neorriqueña: la adaptación a mercados y condiciones sociales en constante flujo como un medio de vida y ser auténtico y rentable. Aquí hay un buen enlace sobre él y su obra. Sus mejores trabajos son excelentes grabaciones que se prestan para bailar hasta hartarse y vale la pena adquirirlas: Los recuerdos primordiales que tengo en mi red neural acerca de Joe Cuba están asociados con lo que en Puerto Rico llamábamos, durante los 1960 y los 1970, “paris de marquesina”. Es difícil olvidar cuán difícil era seguirle el paso a su divertido, veloz y agresivo tipo de Salsa mientras uno bailaba sus números más rápidos; aunque no es difícil recordar cuán sabroso era pegarse de alguien querido durante las composiciones más lentas y románticas. Esto último aplicaba particularmente cuando José “Cheo” Feliciano cantaba. Muchas veces, nosotros los adolescentes, terminábamos con el pene erecto al final de las susodichas canciones deseando desesperadamente que nadie se diera cuenta o que otro igualmente fantástico numerito de Salsa prosiguiera para desviar el flujo sanguíneo a otro lugar. Las damas, por supuesto, también se las arreglaban para pasarla muy bien. El sitial de Joe Cuba está asegurado en la historia musical de New York y el resto del mundo que ha sido influido por los susodichos impulsos. Eso no está nada mal para un muchacho nacido en Harlem que aprendió a tocar conga, aunque no sobresaliera como tal, luego de un accidente jugando pelota callejera, aunque se las arregló para alcanzar la divinidad musical.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados